Con una cámara se puede hacer algo más que buenas fotos, más que plasmar simples instantáneas, se puede entrar en la intimidad de las cosas, en el vivir de las personas. En definitiva, la finalidad no sólo es capturar ese instante, sino transmitir emociones, revivir un dulce recuerdo cada vez que es visto y hacer un momento imborrable, un valor en el tiempo.
Aún conservo mi primera cámara Zenit, la compré a principios de los años 80.
Fascinado por este arte no he dejado de hacer fotografías desde entonces, al principio revelando con químicos y actualmente con las nuevas posibilidades que ofrece el «revelado digital».
Curioso, inquieto, autodidacta y constante sigo aprendiendo cada día un poco más. Lo que busco cuando disparo el botón y cuando proceso las imágenes capturadas es el amor por el arte, por el buen hacer, por el trabajo bien realizado, la pasión por los detalles, la creatividad y un enfoque personal.
Crear obras que transmitan un conjunto de sensaciones: que se vean, que se palpen, que se escuchen y se huelan, que merezca la pena experimentar y compartir.
Actualmente resido con mi familia en Salamanca y sigo buscando emociones detrás del visor de la cámara.
José Antonio Porteros
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